Tres cafés y una nota llena de bienvenida

Era una tarde de octubre como otra cualquiera. Mª Carmen, Pablo y Susana, amigos y compañeros en la asociación Refugiados Bienvenidos, habían quedado para tomar un café y charlar de sus vidas. Inevitablemente, surgen dudas y nuevas ideas para la asociación:

¿Cómo podemos llegar a las personas que viven en Madrid y que quieren ayudar?… ¿Qué tal va Hana (nombre ficticio) con sus clases de español?…. ¡Preparemos un encuentro de cocina internacional!

Tras una hora y muchos temas…

– Bueno, yo me tengo que ir ya –dice Susana, mientras recoge su chaqueta y su bolso y les da un beso de despedida– ¡Nos vemos pronto!

Momentos después, Pablo y Mª Carmen miran el reloj y se levantan para irse también, acercándose a la barra para pagar…

– ¿Nos cobras, por favor? Son tres cafés–

– No hace falta. Ya está todo pagado– les dice el camarero.

Pablo y Mª Carmen se miran sorprendidos porque ninguno de ellos recordaba haber visto a Susana pagar cuando se marchó….

– ¡Ah, por cierto, os han dejado esto! –añade el camarero mientras les extiende en su mano una pequeña nota.

Sin salir de su asombro, piensan que será una broma de Susana… Una idea que se disipa cuando abren el papelito y leen el mensaje:

Chicos, seguid trabajando por quien más lo necesita”.

Esa tarde en la cafetería habían sido muchas las personas que habían pasado junto a ellos mientras charlaban o que estaban sentadas cerca de su mesa… Personas de diferentes edades, apariencias, culturas… Podía haber sido cualquiera, nunca sabrán quién escribió ese mensajito que todavía tienen guardado.

Por eso, desde Refugiados Bienvenidos queremos decirle a la persona que escribió esa nota: ¡GRACIAS!

Estos pequeños gestos son los que nos empujan a seguir trabajando en la cultura de bienvenida.